ALEJANDRO
Había mucho de qué hablar; el zumbido del aire acondicionado me lo decía, y su respiración suave a pocos centímetros de mí lo confirmaba, pero dudé.
No porque no quisiera arreglarlo todo, sino porque el momento no era el adecuado. Ya estaban pasando demasiadas cosas, y añadir asuntos emocionales no ayudaría en nada.
Mi mirada volvió a su rostro y un suspiro escapó de mis labios.
Ahora es mi familia. Marisol es feliz. Yo también lo soy, pero eso no significa automáticamente que hayamos