CATALINA
Ahora que lo pienso, Alejandro nunca me ha pedido perdón, ni siquiera por error. Prefiere restarle importancia o intentar distraerme de sus fallos evidentes, pero lo hizo hace unas horas.
Acostada boca arriba, con la mirada fija en el techo, distintos pensamientos cruzaban mi mente.
¿Siempre era así cuando no estaba en el estado de ánimo adecuado?
Mi teléfono emitió una notificación y, al revisarla, un escalofrío me recorrió el cuerpo al recordar el mensaje que había recibido antes.
El