—Eso no es del todo cierto —murmuró ese CEO.
Margot alzó la vista. Los ojos le ardían, pero no iba a llorar. No frente a él. No en público.
—¿Ah, no? ¿Y qué parte me perdí? ¿Acaso te importaba? Porque me dijiste que lo perdería… y cumpliste tu palabra. Me quitaste a mi bebé, Bastien.
En ese instante, llegaron las meseras con los platillos. Una de ellas colocó en la mesa un exquisito filet mignon bañado en salsa de trufa negra junto a una guarnición de papas ratte doradas. La otra dejó el p