Capítulo 27: La estratagema del cártel
Rafael Morales entró en la oficina privada del último piso del discreto edificio del centro, y la puerta se cerró tras él con un clic. La habitación estaba tenuemente iluminada, impregnada del aroma a cuero añejo y puros caros. Carlos Vargas estaba sentado tras un gran escritorio de caoba, su corpulenta figura llenaba la silla, con un vaso de licor oscuro en la mano. Dos guardaespaldas permanecían en silencio junto a las ventanas, escudriñando la habitación