El mundo en llamas

Capítulo 2: El mundo en llamas

Por la mañana, la vida de Liliana se había convertido en una auténtica pesadilla.

Su teléfono no dejaba de vibrar. Miles de notificaciones la inundaban cada pocos segundos. Se sentó al borde de la cama, mirando la pantalla horrorizada. Los vídeos se habían extendido como la pólvora por todas las redes sociales. Los medios de comunicación ya publicaban titulares.

La hija del senador Moretti, implicada en un escándalo sexual explícito

Los comentarios eran brutales e implacables.

*Siempre supe que esas chicas ricas eran falsas.*

*Está acabada.*

*Qué vergüenza para su familia.*

*Seguro que se los manda a todos sus novios ricos.*

Liliana sentía náuseas. Se obligó a vestirse con un suéter sencillo y unos vaqueros, intentando parecer presentable aunque le temblaban las manos sin parar.

Llamaron a la puerta con fuerza.

 —Liliana, baja inmediatamente —resonó la voz de su padre—. Necesitamos hablar.

Bajó al estudio familiar con paso vacilante. Su madre y su hermano ya la esperaban. El ambiente en la habitación era gélido.

Víctor Moretti estaba de pie tras su gran escritorio de roble, con el rostro contraído por una furia apenas contenida. —¿Tienes idea de lo que le has hecho a esta familia?

—¡Yo no hice nada! —gritó Liliana—. Esos videos son falsos. Alguien los creó. Te juro por todo que yo no los hice.

Su madre, Elena, desvió la mirada, incapaz de mirarla a los ojos. —Todo el mundo los ha visto, Liliana. Tu cara. Tu cuerpo. Liliana, tu cuerpo. ¿Cómo lo explicas?

Marco se apoyó en la estantería, con una sonrisa cruel en el rostro. —Sí, hermanita. Parecía que te lo estabas pasando muy bien en esos videos. Toda una artista.

Liliana sintió como si le hubieran dado una bofetada.  “Ustedes son mi familia. ¿Por qué no me creen? Alguien me hizo esto. Alguien me tendió una trampa.”

Su padre golpeó la mesa con la mano. “Ya no importa. El daño está hecho. Los patrocinadores se están retirando. Mi popularidad está cayendo. El partido exige respuestas. Nuestra reputación está arruinada.”

Hizo una pausa, con la mirada fría y calculadora. “Solo hay una manera de arreglar este desastre.”

A Liliana se le revolvió el estómago. Ya sabía lo que iba a decir.

“Te casarás con Dante Rossi”, declaró su padre. “En tres semanas.”

El nombre le heló la sangre; juraría que no era eso lo que estaba pensando. Dante Rossi. El capo de la mafia más temido de la ciudad. El hombre al que llamaban El Rey de las Sombras.

“No”, susurró. “No lo haré.”

“No tienes opción”, dijo su madre en voz baja.  “Este matrimonio limpiará el escándalo y asegurará alianzas poderosas. Es la única manera de salvar a esta familia.”

Liliana los miró a cada uno, buscando alguna señal de amor o apoyo. No encontró ninguna.

Las lágrimas le quemaban los ojos. “¿Me venden a un criminal para salvar su propia reputación? ¡Soy su hija!”

La expresión de su padre no se suavizó. “Ustedes nos han traído esta vergüenza. Ahora ustedes la arreglarán.”

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió. Dante Rossi entró al estudio como si ya fuera el dueño de todo. Era alto, de hombros anchos y emanaba un poder peligroso. Sus ojos oscuros encontraron inmediatamente a Liliana.

“Así que esta es la chica que está causando todos los problemas”, dijo con voz profunda y tranquila.

Liliana contuvo la respiración. Este era el hombre con el que querían que se casara.

Dante la observó con atención, su mirada recorriendo su rostro surcado de lágrimas y su cuerpo tembloroso. Algo oscuro brilló en sus ojos.

 —Tres semanas —dijo, dirigiéndose a su padre pero sin dejar de mirarla—. Espero que el contrato esté listo para mañana. Vivirá conmigo después de la boda.

Dio un paso hacia Liliana. —Intenta no causar más problemas antes de eso.

Liliana levantó la barbilla, aunque su corazón latía con fuerza. —Ya te odio.

Una leve y peligrosa sonrisa asomó en los labios de Dante. —Bien. El odio hará que este matrimonio sea más interesante.

Se dio la vuelta y salió sin decir una palabra más, dejando un silencio sepulcral.

Liliana se dejó caer en la silla más cercana, completamente aturdida. Su propia familia la acababa de entregar al diablo, y el diablo la había mirado como si no pudiera esperar a reclamar lo que ahora era suyo.

Su madre se acercó lentamente. —Esto es lo mejor, Liliana. Dante Rossi es poderoso. Puede hacer que todo esto desaparezca.

Liliana rió amargamente, con lágrimas cayendo libremente. —¿Quieres decir que puede hacerme desaparecer?

 Miró a su familia por última vez. Las personas que se suponía que debían amarla la habían traicionado de la peor manera posible. Y sabía una cosa con certeza: nunca volvería a ser la misma.

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