Fetiche de la mafia: Obligado por un contrato
Fetiche de la mafia: Obligado por un contrato
Por: Melami
Capítulo 1: Acero frío

Punte de vista de Avery

Tenía que escapar, esta era mi oportunidad. Unos pocos pasos más y sería libre. Solo tenía que llegar a Keisha. Mis manos tocaron el metal caliente de la puerta, mi corazón acelerado por la alegría.

De repente, un metal frío se presionó contra mi cabeza. Gotas de sudor se formaron en mi frente.

—Date la vuelta.

La orden fue gélida. Me estremecí de miedo y, obedeciendo, giré sobre mis piernas temblorosas para encontrar a mi madrastra sonriéndome con malicia.

—Realmente pensaste que podrías escapar, ¿eh?

Esto era todo, mi vida se había terminado. Cerré los ojos deseando que todo esto fuera un sueño.

***Horas ante***

—¡Suéltenme! Suéltenme. Solo déjenme en paz.

Se habían ido. ¿Por qué demonios estaba atada y encerrada aquí? Mi garganta me dolía de tanto gritar, nadie podía oírme.

—¡Que alguien me ayude! Por favor, quien sea.

Nadie parecía estar cerca para ayudarme. Empezó a llover; era extraño porque estaba encerrada en una habitación sellada sin ventanas, pero algo seguía cayendo sobre mí. ¿Cómo?

Abrí los ojos; todo había sido un sueño. Había estado fuera toda la noche y, esta mañana, cuando empezó a llover, el mayordomo me ayudó a entrar.

Soy Avery Kingston: rubia, con pecas en la nariz, de piel clara y pequeña. Soy la hija de Vicente Kingston, uno de los hombres más ricos de Nueva York, pero me tratan como a una extraña.

Mi cumpleaños era al día siguiente. Cualquier chica con una vida normal y una familia amorosa espera con ansias sus cumpleaños. Al menos tendrían razones para sonreír mucho, tal vez recibir un regalo o dos. Mi vida era diferente, un desastre del que solo espero escapar.

La noche antes de mi cumpleaños me obligaron a dormir afuera como a un perro callejero, y mi padre no hizo nada. Solo tengo que encontrar una manera de escapar de ellos. Dejando caer mis lágrimas, le susurré a mi madre aunque sabía que no podía oírme.

—Mamá, sabes que te necesito ahora. ¿Por qué me dejaste? Si tan solo me hubieras llevado contigo.

Sabía que estaba fuera de su control. A veces me gusta pensar que ella podría haber decidido no irse o, mejor aún, que podría haberme dado un padre mejor para que no doliera tanto. Apoyé la cabeza en mi almohada.

—Tenga, le traje algo de comer —dijo el Sr. Brutus suavemente. Al notar mi sorpresa, añadió—: No cerró la puerta con llave, así que...

—No, está bien. Muchas gracias, Sr. Brutus, me muero de hambre.

—No tiene que agradecérmelo, querida. Solo desearía poder hacer más por usted. Descanse un poco.

Se giró para irse y luego se detuvo.

—¡Casi lo olvido! Feliz cumpleaños, señorita. Deseo que todos sus deseos se hagan realidad.

Con eso, se fue. Susurré mi agradecimiento aunque sabía que no podía oírme.

El sonido de un trueno me devolvió a la realidad. Había logrado entrar con la ayuda del Sr. Brutus y ahora, los sueños tontos no me dejaban en paz. ¿Soñando con comida ahora? Pronto llamaron a la puerta.

—¿Quién es?

Temía que fuera mi madrastra. ¿Habría notado que me había colado de nuevo?

—Señorita, tiene que abrir. Es urgente, su familia tiene algún tipo de plan, no lo sé.

—¿Sr. Brutus? —Abrí de inmediato. Él parecía preocupado—. Tiene que irse de esta casa. Escuché la conversación de su padre y su madrastra. Planean casarla con alguien peligroso por dinero. Puede que me equivoque, pero debe alejarse de aquí.

Mi cabeza martilleaba, mi corazón se aceleró. ¿Humillarme no era suficiente? ¿A dónde voy desde aquí?

—No puede ser...

Tomando mi mano en la suya con afecto, como un padre sosteniendo a su hija. En ese momento, me pregunté cuánto mejor habría sido mi vida si él fuera mi padre. Puso dinero en mi mano.

—Tome esto y váyase lejos de aquí, niña, a algún lugar más seguro. Usted merece algo mucho mejor que esto.

—Esto es demasiado. No puedo...

—Sí, puede. Ahora, dese prisa.

No me molesté en empacar mi ropa. Quería alejarme lo antes posible. Justo cuando estaba por dirigirme a las escaleras, vi a mi madrastra y a mi hermana; parecían estar buscándome. Me escondí en la esquina de inmediato.

—No está afuera; yo tampoco la dejé entrar. ¿A dónde pudo haber ido?

—Tal vez se coló. Mamá, no te preocupes, la encontraremos —aseguró Serena, obviamente aburrida por la conversación.

—No me pidas que no me preocupe. ¿Sabes quién es el Sr. Armstrong? Estaremos muertas si piensa que estamos jugando con él.

—¿Tan malo es? Haz que la gente la busque. ¿Se lo has dicho a papá?

—Tu padre me matará si se entera. Él no estaba muy a favor de esto, sabe lo peligroso que es el Sr. Armstrong. Le aseguré que todo iba a salir según lo planeado. Metí la pata; no debí haberla hecho dormir afuera anoche.

Lo que dijo el Sr. Brutus era cierto... Me dolía el corazón. Mi propio padre aceptó esto. Si ellos le tenían tanto miedo, ¿qué clase de monstruo es él? No quiero averiguarlo.

Tengo que escapar antes de que me encuentren. Inmediatamente le envié un mensaje a mi amiga Keisha. Había prometido venir a visitarme hoy porque es mi cumpleaños.

"Necesito tu ayuda. Ven a buscarme; estoy intentando escapar".

Ella respondió de inmediato: "¡Ya era hora! Voy en camino".

Logré salir por la puerta sin que me notaran. Divisé el auto de Keisha y corrí tan rápido como pude para llegar a ella. Abrí la puerta, pero sentí algo frío detrás de mi cabeza.

***De vuelta al presente***

—¡Avery! ¡Suéltala, bastardo! —Mi amiga Keisha no dejaba de gritar mientras intentaba llegar a mí.

—Atrapen a su amiga también; llegó a tiempo para la celebración —ordenó mi madrastra.

No, no puedo dejar que la metan en este lío.

—¡No! Dejen a Keisha fuera de esto; haré lo que quieran.

—Bien. Suelten a la chica. Toma la puerta trasera; el Sr. Armstrong ha llegado. Serena, asegúrate de que la vistan. No queremos hacer esperar al Sr. Armstrong.

Justo entonces vi el convoy. Debe ser asquerosamente rico y probablemente muy malo. Mi madrastra nunca me daría nada bueno.

Treinta minutos después, literalmente me arrastraron a la sala de estar. Para mi sorpresa, la sala había sido decorada. Podría jurar que estas decoraciones no estaban aquí hace 30 minutos. Cada paso que daba hacia mi padre me llenaba de pavor. Si él no estuviera sonriendo tanto y si no estuviera presente, habría tenido la esperanza de que viniera a rescatarme.

—Ven aquí, Avery —ordenó mi padre, extendiendo su mano para que la tomara.

—Muévete, pequeña cerda. Has hecho esperar al Sr. Armstrong demasiado tiempo. Cuanto antes te cases con él, mejor.

Tragué saliva, miré cada rincón de la habitación, esperando un milagro, una forma de escapar, un salvador si es que existía alguno.

**POV de Aiden**

En mi búsqueda por reclamarlo todo, el legado de mi abuelo, las pistas y piezas que necesitaba para mi venganza, haré lo que sea. Si significa casarme, lo haré. El resultado superaría el sacrificio. Desde la muerte de mi abuelo, he obtenido responsabilidades adicionales, unas que estaba listo para manejar.

El campo olía a victoria. El aire estaba lleno del olor a calor, sudor y sangre. Otra victoria, cada una un paso más cerca de la meta.

Mi tono de llamada me sacó de mis pensamientos. Recibí una propuesta de los Kingston.

—Stephan, ya sabes qué hacer; quema los cuerpos. Haz que brille. Simon, averigua quién los envió.

—Sí, jefe.

—Hazlo rápido, Stephan; vienes conmigo. Tengo una novia que reclamar.

Una novia virgen a cambio de dinero. Obtendré algo que disfruto y solucionaré mi problema de herencia. Por supuesto que me voy a casar. Tenía que estar allí en una hora.

—Una novia, pero...

—Ni lo pienses —Odio que me cuestionen. Una tontería podría costarte una bala. Le di a mi arma una pasada más con un paño limpio; agradable y brillante—. Perfecto.

Luego le di un beso y la devolví al bolsillo de mi traje.

—Listo, jefe —dijo Santos, mi mano derecha, mientras regresaba a toda prisa.

—Bien. A la mansión de los Kingston, donde sea que esté. Ruddy, conduce tan rápido como puedas.

Llegamos a lo de los Kingston. Me hicieron esperar un buen rato, lo cual no formaba parte del acuerdo, y estaba empezando a perder la paciencia. ¿Acaso esta gente sabe que está jugando con fuego? Me giré para hacerle una señal a mi mano derecha, pero noté que la Sra. Kingston había traído a la chica. Estaba temblando, me di cuenta desde la distancia.

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