Su voz encajó perfectamente en la situación, yo me levanté y corrí a tomarla en los brazos, la levanté hasta llevarla en uno de mis hombros, ella renegaba; la dejé caer en la cama de nuestra habitación. Yo me acosté arriba de ella agarrando sus brazos para que no se quitará. La besé hasta que ella se rindió y me siguió el beso.
— ¡Basta! ¡Suéltame maldito infiel! —Exclamó enojada.
Me levanté y la tomé de la mano para que ella también se levantara de la cama.
—Perdón, no quise hacerlo. —Dije.