CAPÍTULO QUINCE – EL GRAN JUEGO.
Dejé caer el vaso de cristal en el suelo haciéndolo mil pedazos y después tomé los pequeños pedazos de vidrio, pero uno de ellos me pinchó el dedo pulgar, lo raro fue que no sentí ningún dolor, ¿No siento dolor físico? Sólo emocional... será... así que, con manos temblorosas y ojos llenos de lágrimas, tomé un trozo de vidrio y lo deslicé sobre mi muñeca, con el corazón hecho pedazos y la mente invadida por recuerdos dolorosos del pasado. Sin embargo, el vidrio no dejó ni un rasguño en mi piel,