Unas pequeñas manos tocan mi rostro, un diminuto peso está sobre mi pecho. Abro los ojos y me encuentro con cuatro pares de ojos, Saskia al verme despierto besa mi frente mientras que Kaem me mira fijamente.
No voy a negar que me intimida un poco.
Me levanto para ver la hora en la mesita de noche, son las diez en punto de la mañana y me estiro con pereza. Maldigo al universo cuando escucho el gas que se acaba de tirar mi hija por el culo, ella me ve y se ríe, pareciera que lo hiciera a propósit