Por la mañana siempre era lo mismo, me levantaba de la cama, entraba en el cuarto de baño, me aseaba o me duchaba, me vestía y me bajaba a la cocina para tomarme el único líquido que me podía despertar, mi café bien cargado. Después de desayunar, Aaron y yo nos fuimos a la piscina, el para bañarse bajo la supervisión de su madre y yo para tomar un poco el sol, ya que hacía unos estupendos días
— Señora, el señor quiere verla, esta en su dormitorio — me dijo Lucia de pronto y muy alterada
— ¿En