Cuando llegamos a casa, el chofer abrió la puerta ofreciendome la mano para que bajara, sin dejar de sonreír
— Lo de la otra noche — trague saliva por la vergüenza
— Señora tranquila, pero déjeme decirle que tiene unas preciosas piernas, y que no se preocupe, por lo que vi, nadie lo sabrá nunca -- me dijo el hombre
Entre en casa, dirigiendome hacia mi dormitorio, cuando escuche a Lucia como me llamaba. No quise hablar con ella en ese momento, pero de todas formas ella me siguió entrando las dos