Al día siguiente me despertó la luz que entraba por la terraza de mi dormitorio. Sabía que era algo tarde, pero no me importo ya que no me apetecía cruzarme con Lucia, aunque sabía que no debía esconderme de ella, si no que cuando la viera tenía que sonreír como si no me hubiera importado lo que anoche vi. Me quedé un rato tumbada en la cama pensando que no debía decir nada, ya que sabía que cuando firme el contrato le di a mi marido todos los derechos sobre mi cuerpo, sabiendo que podía hacer