Al día siguiente, estabamos en la oficina de los abogados de Marco, viendo como se sentaba con nosotros una mujer de más o menos mi edad, muy bien arreglada vistiendo demasiado moderna. Cuando los abogados entraron, se sentaron enfrente de Marco y de mi sacando unos documentos de una carpeta
— Señor Torino ¿le ha dicho a su esposa que va a firmar? — le preguntó uno de los abogados
— Si Carlos, por favor tengo que volver a la clínica, ¿podemos aligerar este asunto? — preguntó Marco
— Si claro, s