Lo hizo aun sintiendo que me quemaban mis mejillas por la vergüenza, Marcel se tumbó delante de mis piernas abiertas, haciendo que me sintiera demasiado expuesta, acariciando mi clítoris con sus dedos, haciendo que cerrara los ojos mientras jadeaba, introduciendo dos de sus dedos penetrando primero despacio para luego hacerlo mucho más rápido, cuando vio que ya estaba a punto de llegar a mi clímax, quito sus dedos, sintiendome vacia
— Ponte solo un vestido y baja con nosotros, vamos a cenar —