CAPÍTULO 75.¡Houston, tenemos un problema!
El médico no se había equivocado. Tres días. Solo tres días después el abuelo estaba de nuevo fuerte como un roble, con aquel corazón latiendo a todo lo que daba, pero muy controlado. Ya podía levantarse caminar y comer solo, y hasta uno que otro chiste hacía de cuando en cuando.
—¿Listo para irse, señor Félix? —sonrió Samuel entrando para despedirse, al menos de momento, porque imaginaba que le costaría mucho hacer visita constante a la hacienda de lo