—¿Estás embarazada?
Mi mirada, antes excitada, se desplazó con pesar a la prueba de embarazo que sostenía en una mano, y tragué saliva sin remedio. Incluso antes de decir que, si y explicar que yo misma acababa de enterarme, Adam se río con emoción incrédula y me rodeó en un poderoso abrazo de oso.
En la encimera del lavabo del baño, mi esposo me estrechó con una dicha desmedida.
—¡Dios, que sorpresa tan increíble, amor!
Me llenó el rostro de besos y volvió a ver las dos líneas en la prueba, men