Pasé más de un día inconsciente, solo flotando en la nada, ajena a todo y todos. Y cuando finalmente abrí los párpados, Nathan ya había traído todo un equipo médico para mí. Vi la bolsa de sangre conectada a mí a través de una intravenosa, el tubo de oxígeno ayudándome a respirar.
Me pasé la lengua por los labios resecos, tan débil todavía que a mi pecho le costaba subir y bajar. Mi médico, que revisaba mis signos vitales en el equipo, me observó abrir los parpados y mirar todo con ojos pérdidos