Tenía los labios hinchados por el apasionado beso que acababan de compartir. Una pequeña mancha de pintalabios —del suyo— le marcaba el cuello de la camisa, e Isabella no pudo evitar pensar que ese rojo amarronado tan intenso, llamado Jungle Vixen, le sentaba muy bien.
—Primero la cena —dijo él con voz ronca—. No vamos a ser capaces de llegar allí si no paramos.
La respuesta de Isabella fue inmediata y atrevida. Estirándose a través del espacio, sus dedos se enredaron con firmeza en la seda de