PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
Alina se despertó con la suavidad de las sábanas de seda rozando su piel, su cuerpo anidado en una cama demasiado grande y demasiado lujosa para pertenecerle. Un tenue aroma a lavanda flotaba en el aire. Parpadeó, adaptándose a la luz dorada que se derramaba desde las altas ventanas con cortinas.
Un suave murmullo de voces persistía en los bordes de su conciencia. Cuando se movió, dos mujeres con uniformes impecables estaban instantáneamente a su lado —una le o