Narrado en tercera persona
—Lila —jadeó Maya, con la voz entrecortada, suplicando—. Te necesito.
Los ojos de Lila se encontraron con los de ella, oscuros de deseo y algo más profundo, algo que hablaba de amor, anhelo y una promesa de eternidad. Asintió, un juramento silencioso, y continuó su exploración, sus manos y labios recorriendo cada centímetro del cuerpo de Maya.
Maya se quitó la camisa, seguida de Lila, sus pieles desnudas uniéndose en una oleada de calor y necesidad. Las manos de Maya