FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 28. ¿Por qué demonios te vas?
—Sí.
La respuesta era simple, sencilla, de dos letras... y aun así Charlie no la entendía. Tenía su boca a dos centímetros, su cuerpo pegado al suyo como un imán, podía sentir el calor que emanaba de ella, su erección disparándose contra su vientre, su respiración agitada... y era como si su cerebro hubiera dejado de funcionar.
—Sí ¿qué? ¡Maldit@ sea! ¡Me estás volviendo loco!
—¡Sí sé que te estoy haciendo sufrir y no pienso dejar de hacerlo hasta que tú no dejes de correr! —gruñó ella en respu