FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 19. El final de la historia
Charlie ni siquiera sabía qué decir, tenía una piedra atorada en la garganta y otra en el corazón, mientras la escuchaba admitir que no tenía valor para intentar ser madre sabiendo que tantas cosas podían salir mal.
Se limpió la cara que tenía húmeda por las lágrimas y le hizo un gesto con la mano para que le pasara la botella.
—Dame esa, búscate una para ti —murmuró.
—¿Para qué quieres la botella? —lo increpó ella—. ¿Te vas a emborrachar en mi casa?
—¿Y dónde más se supone que me emborrache, F