FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 18. Una loca con ciertos límites
Charlie tenía las pupilas dilatadas y quería creer que lo que estaba mojando sus pantalones en ese momento era la lluvia, mientras veía a un tigre adulto de más de un cuarto de tonelada avanzando hacia él con las fauces abiertas.
—¡Rajá! ¡Déjalo! ¡Ahora! —se escuchó la voz demandante de Faith y el animal rezongó tres veces antes de darse la vuelta y caminar hacia ella—. Ya lo sé, bonito, no soportas que invadan tu espacio. Lo siento —le dijo ella hablándole como si fuera un niño chiquito—. Ya,