CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 56. Traición de sangre
Había algo que quizás nadie más sabía, pero Nhora y él tenían muy claro que ella lo había educado con una capacidad especial para ser cruel.
—¡No te voy a decir…! ¡No te voy na…! ¡Puedes torturarme todo lo que…!
Y él se lo tomó en serio.
La siguiente pluma fue a clavarse violentamente entre las articulaciones de su mano hasta llegar a la madera, y los gritos de Nhora retumbaron en aquella catedral como jamás se escucharían otros.
—Hay muchas plumas en esta mesa, madre, y yo soy un hombre pacien