Capítulo 21
Irene tenía los ojos enrojecidos, mostrando por primera vez su ira y resentimiento sin disimulo, mirándolo ferozmente.

Diego sintió un escalofrío en su interior y aflojó un poco la fuerza de sus manos. Pero no permitiría que Irene desafiara así su autoridad y límites.

Su voz seguía siendo gélida: —¿Ya no tienes nada que decir?

Irene luchó por contener la amargura y tristeza en su corazón, su voz temblorosa al hablar: —Tú no me crees...

Ella pensó que, aunque Diego no la amara, aunque ambos estuv
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Claudia SerranoNunca le das la razón a tu esposa porqué si esta en silla de ruedas es por tu amante y no quisiste investigar porque sabes quién tiene la culpa.
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