Nadie de los dos durmió en el sofá. Después del amor, Diego la acogía en sus brazos, no dispuesto a soltarla. No podía explicar por qué, pero sentía que cuando estaba con Irene, su sueño era más profundo. Cuando estaba solo, siempre había un sentimiento de soledad en su lecho. Antes de dormirse, Irene, medio adormilada, recordó:
—No usaste condón...
—Está bien... —Diego, satisfecho y un poco agotado, susurró en voz baja.
—¿Qué pasa si me embarazo?
—No te embarazarás.
Le acarició suavemente la es