—Ahora eres bastante considerado. —observó Vicente, mirándolo con curiosidad.
—Eso es. —respondió Diego con un tono orgulloso.
—¿Y antes por qué no eras así?
Vicente no quería desanimarlo ni traer a colación el pasado, pero al recordar las cosas que Diego había hecho, la frustración lo invadió.
—¿Ya no somos hermanos? —Diego, claramente molesto, alzó la voz—. ¡No hables de esas cosas, ¿entendido?!
—No quiero mencionarlo. —dijo Vicente—. Solo creo que en ese momento debería haberte dado una buena