Irene sonrió y escribió: [Puedes subir.]
No pasaron dos minutos cuando alguien llamó a la puerta. Al abrir, fue recibida en un cálido abrazo.
—Buenos días, Ire. —dijo Diego, abrazándola y dándole un beso en la cabeza.
—Buenos días. —respondió Irene.
—Traje el desayuno. —anunció, soltándola y sacando un tupper.
—No me avisas cuando vienes. ¿Y si no hubiera estado en casa? —preguntó Irene.
—No hay problema, si no, te llevo el desayuno a la universidad —dijo Diego.
Irene sintió un calorcito en el c