Dos horas antes, la mañana en el hospital era más tranquila que de costumbre. Pasaban de las cinco cuando la enfermera de turno nocturno entró para tomar la temperatura y, tras preguntarle sobre la situación básica, abrió la boca para hablar.
—¿Por qué no entra el papá del bebé?
—¿El papá del bebé? —Irene se sorprendió.
—Sí, ese alto y guapo. —dijo la enfermera—. Lo vi parado afuera por un buen rato... de hecho, lo vi desde la medianoche.
Al escuchar esto, Irene dejó de lado lo que estaba hacien