—No es que no quiera que te quedes, es solo que las condiciones aquí son limitadas. Aunque Feli esté en una habitación individual, solo hay dos camas pequeñas... —dijo Irene.
—No voy a dormir. —respondió Diego—. Tú descansas y yo me quedo aquí a tu lado. Si pasa algo durante la noche, te llamaré.
—Realmente no es necesario... —Irene insistió.
—Ire, —Diego interrumpió—. Quizás no sea el momento adecuado para decir esto, pero aún así quiero disculparme.
—¿Por qué? —Irene se sorprendió.
—Lo que pas