El médico se acercó para revisar el estado de Félix y, al enterarse de que Irene y Julio eran ambos doctores, no dijo mucho más.
Una vez que se completaron los trámites para la hospitalización, fue Julio quien llevó a Félix, dormido, escaleras arriba en sus brazos.
Diego sentía una mezcla de tristeza y celos, además de preocupación por la salud de Félix. Aunque todavía tenía algunos resentimientos hacia la existencia del niño, pensaba que si Félix se enfermaba, eso haría sufrir a Irene, así que