Feli aún llevaba el gorro de natación y las gafas de buceo en la cabeza. Era un niño guapo, con rasgos delicados; incluso con el gorro, su rostro mantenía su atractivo.
—Sí, ya nadé. —asintió.
—¡Feli, eres increíble! Tan pequeño y ya sabes nadar.
—Mi padrino viaja al extranjero cada año para buscarme; fue él quien me enseñó. —dijo Félix.
Diego miró a Julio. Julio realmente era capaz; cuando Irene se fue, Diego hizo todo lo posible por encontrarla, pero no tuvo éxito. A pesar de eso, nunca dejó d