Los dos encontraron un café cercano y, apenas se sentaron, Irene dijo:
—Lo siento.
—¿Por qué me pides disculpas? —Diego se mostró confundido.
—Por lo de anoche, te malinterpreté, así que te pido perdón. —respondió Irene—. Dices que fue Eloy quien hizo esto. ¿Por qué haría algo así?
—Lo que él haga ya no importa. Lo importante es que tú estás bien y no hay malentendidos entre nosotros. —dijo Diego.
Desde el desayuno de hoy, su mirada hacia ella había sido intensa y ardiente.
—¿Tienes pruebas? Lo