Los movimientos de Irene lo hicieron sentir renuente, y sus palabras le clavaron una nueva puñalada en el corazón.
—Ire, lo de Feli... fue un accidente, ¿verdad? —no pudo evitar preguntar.
No podía creer que Irene, tan pronto después de dejarlo, estuviera con otro hombre.
—Si fue un accidente o no, ya no importa; es un hecho. —respondió Irene.
—Entiendo. —Diego bajó la mirada.
Irene levantó la pierna para salir.
—Ire, si... si algún día logro volver a conquistarte, te prometo que trataré a Feli