—Ire, no me tomes el pelo. —Diego forzó una sonrisa.
—No te estoy tomando el pelo. —Irene respondió con seriedad—. Es de noche y estás merodeando abajo de mi edificio, me asusta.
Era cierto, a altas horas de la noche, rondar por la entrada de una mujer soltera podría hacer pensar a cualquiera que era un ladrón acechando.
—¿Fuiste a comprar algo? —Diego, sin otra opción, decidió cambiar de tema—. Ten cuidado al salir por la noche.
—Si no vinieras, estaría muy segura. —Irene replicó—. Señor Martín