Ezequiel no dudó ni un segundo y envió varias colecciones de joyas a través de Bella para que se las entregara a Irene.
Bella, que no tenía en buena estima a Ezequiel, no quería actuar de intermediaria. Además, Irene no era una persona que se dejara llevar por el dinero; si recibía joyas de su parte, seguramente se enojaría con ella.
Así que Ezequiel decidió ir personalmente a Majotán. Al encontrar a Irene, se presentó para disculparse.
—¿Por qué te disculpas? —Irene lo miró con sorpresa.
—La úl