—La señora de hace un momento parece no gustar del olor a cigarro. —Una chica rápida observó frente al gran jefe.
Ezequiel bajó la mirada a su cigarrillo, que llevaba en la mano. Había fumado durante veinte años, y no podía dejarlo.
Tomó otra calada y luego se dio la vuelta para marcharse. No tenía prisa; habría más oportunidades.
No habían pasado diez minutos cuando otro hombre llegó a la recepción para registrarse.
Era alto, con buen porte y una figura aún mejor. Su rostro, más parecido al de