Al mirar, vio que era Fernando quien llamaba. Seguramente se había enterado de que ella había regresado, por eso le estaba llamando.
—Hola, papá. —Irene contestó y lo saludó.
—¿Todavía sabes que soy tu padre? ¡Estos años no has dado noticia, y tu madre y yo hemos desperdiciado nuestra vida en ti! —dijo Fernando, con un tono poco amable.
Irene ya no quería dar más explicaciones.
—¿Hay algo más? —preguntó.
Su actitud solo enfureció más a Fernando.
—¿No piensas en venir a ver a tu padre? ¡Y pregunt