Colgó el teléfono e Irene dejó caer su móvil al lado.
Poco después, volvió a sonar. Pensando que era Fernando, lo tomó sin mucho interés, pero se sorprendió al ver que era Estrella. Se sentó de inmediato, apoyándose en el cabecero de la cama.
—¿Estrella? ¿Qué pasa? —preguntó.
—Ire, ¿dónde estás? —la voz de Estrella sonaba entrecortada, como si estuviera a punto de llorar.
—¿Estrella, qué te sucede? —Irene se alarmó.
Media hora después, Irene vio a Estrella entrar en el hotel, con los ojos enroje