—¿No ibas a participar en un ejercicio militar? —Diego esbozó una ligera sonrisa.
—Antes tenía que organizar un poco más de tiempo. —respondió Vicente—. Pero unos días los puedo sacar.
—¡Perfecto!
Pablo, que había estado observando cómo ambos decidían el viaje sin esfuerzo, se apresuró a añadir:
—Yo también iré.
—Tú mejor no. —Vicente lo miró con desdén.
—¿Por qué no puedo ir? —Pablo se mostró descontento.
—Dedícate a tus asuntos. —dijo Vicente.
Así quedó decidido el viaje. Diego lo tuvo fácil,