—Ahora me doy cuenta de que Julio es mil veces, diez mil veces mejor que tú. —Irene lo miró.
—¡Lo sabía! —Diego apretó los dientes, con los ojos llenos de rabia—. ¡Lo sabía, tú y él tienen algo! Ni siquiera tus padres sospechan, solo él fue a buscar al abuelo para preguntar por ti. ¡Así que es cierto, ustedes...!
—No solo Julio, también Vicente, Daniel e incluso Mateo son mejores que tú. Diego, ¿todavía no sabes en qué te has equivocado? —Irene sacudió la cabeza.
—¿Todavía piensas en Daniel? —La