Así que Diego no tuvo más remedio que buscar a Irene.
Irene, además de estar acostada en la cama, pasaba el tiempo sentada junto a la ventana.
Diego no sabía qué estaba mirando. Intentó conversar con ella, pero no importaba lo que dijera, siempre recibía como respuesta un profundo silencio.
Diego sabía que lo que había hecho era inaceptable para Irene. Sin embargo, en comparación con la realidad de que ella podría irse, prefería arriesgarlo todo y mantenerla a su lado.
—Ire. —Se agachó, colocand