Estrella parecía calmada y serena, pero en realidad estaba muy nerviosa por dentro. Su naturaleza era pura y suave; no tenía la agudeza de Bella, así que lo que había dicho ya fue un gran esfuerzo.
Aún no había hablado Diego cuando Pablo, con una risita, abrió la boca.
—Creyéndola una gran cosa, ¿a todos les gusta? La llamamos para que vea que el mundo sigue girando sin nadie. Pero... —miró a Diego—. Estamos tan contentos, ¿por qué llamar a Irene? Es un buen fastidio...
Estrella no esperaba que