Mañana, Diego se despertó con una terrible jaqueca.
Anoche, después de despedirse de Lola, fue a beber solo. No recordaba cuánto había bebido ni cómo había llegado a casa.
Se sobresaltó al abrir los ojos y, al ver el rostro familiar en sus brazos, de repente se tranquilizó. Ella yacía apaciblemente en sus brazos, su rostro tranquilo en el sueño.
Diego no pudo resistirse a darle un beso en la frente. Al desplazar la mirada, se detuvo abruptamente.
La piel desnuda de Irene tenía grandes manchas de