—¿Por qué no llamas a Iré tú mismo si te preocupa? —Santiago estaba bastante disgustado.
—Temo que la moleste mientras duerme. —dijo Diego, titubeando.
—Comió muy poco al mediodía y su aspecto no parecía el mejor. Si no estás ocupado, vuelve temprano para acompañarla. —dijo Santiago.
—Yo... no puedo volver. —respondió Diego—. Tengo que lidiar con algunas cosas.
—¿Qué cosa es más importante que Iré? —exclamó Santiago, enojado—. ¡Ve a casa!
—De verdad que no puedo volver. —dijo Diego—. He encargad