—¿Estabas esperando una llamada? —le preguntó Pablo.
—No. —Diego, con una expresión indiferente, volteó el teléfono y lo puso boca abajo sobre la mesa, respondiendo con frialdad.
—Diego, ¿por qué no llamamos a más personas para animar la fiesta? —sugirió Mateo Márquez, el que estaba charlando con su novia.
—Creo que lo que quieres es que venga tu novia, ¿no es así? —dijo Pablo.
—Sí, ¿qué pasa? Estamos pegados, nos extrañamos en un día, ¿no está bien? —Mateo sonrió.
—Está bien. —dijo Diego—. Llam