—¿Qué te apurabas? —dijo Pablo—. Los muchachos estábamos disfrutando de nuestras bebidas, no vayas a ser el que arruine la fiesta.
—Entonces disfrutad al máximo. —respondió Irene con frialdad—. Diego, sal, llama a abuelo y dile que no volverás.
Diego no se movió, la miró y, después de unos segundos de silencio, finalmente habló:
—Ven aquí.
—¿Vas a irte o no? —Irene tampoco se movió, solo le hizo esa pregunta.
—Ven aquí. —Diego la miró con una expresión fría y repitió.
Irene sacó su teléfono y ll