—Bueno, si ya he terminado, me voy. Al fin y al cabo, no estamos en la misma sintonía. Cada quien a lo suyo, diviértanse —dijo con una sonrisa.
—¡Detente! —Diego tenía el rostro serio—. ¿Quién te dijo que te fueras?
—¿No has escuchado suficiente? —Irene arqueó una ceja.
—Irene, hoy es el cumpleaños de Diego, no lo hagas enojar. Ya está muy cansado con el trabajo... —intervino Lola.
—Sí, es muy cansado. —respondió Irene—. Con una esposa en casa y una amante afuera, ¿cómo no va a estar ocupado? Se