—¿Qué flores? —Irene preguntó, confundida.
—Las dejé abajo, ¿qué pasa?
—¿No vas a traer las flores que te envié?
—¿No son un regalo extra de la floristería? —preguntó Irene.
—¡Y qué importa eso! ¿No valoras lo que te regalan? —Diego estaba visiblemente molesto.
—¿Y cómo se supone que las valore? ¿Las llevo arriba y duermo con ellas? —Irene se rio, entre la ira y la incredulidad.
—¡Eres... incomprensible!
Irene sintió que Diego estaba a punto de perder la calma, así que decidió ignorarlo, aunque