—No me interesa. —Irene apartó la mirada.
—Irene, ¡no te pases de la raya! —Diego le agarró la barbilla y le giró la cara.
—No quiero nada... —Irene dijo.
No había terminado la frase cuando Diego la empujó con fuerza. Ella gritó y rápidamente se tapó la boca.
—¿Nada? —Diego la mantenía atrapada, sin ceder su fuerza—. ¡Yo veo que quieres mucho!
Irene no tenía cómo defenderse; solo su boca podía moverse. Sin pensarlo, abrió la boca para morder a Diego.
Diego la sujetó con una mano, levantándole lo